segunda-feira, 1 de novembro de 2010

¿Cómo será Brasil sin Lula? - Essa eu nem vou traduzir...


¿Cómo será Brasil sin Lula a partir del uno de enero próximo, cuando su sucesor o sucesora entre en funciones? Difícil imaginarlo, porque Lula ha estado omnipresente en sus ocho años de Gobierno. Se habla de un antes y un después. Ha sido el presidente más popular de la historia democrática del país, a quien la masa de los brasileños -sobre todo los más pobres- identificó como a uno de ellos por hablar su misma lengua, incluso con errores crasos de gramática.

Lula consiguió lo que parecía imposible: entusiasmar a los pobres, hacerles menos pobres y al mismo tiempo hacer que los ricos fueran más ricos que nunca y la bolsa la más próspera del mundo. Dio visibilidad mundial a un país lleno de posibilidades y lo salvó de la crisis financiera mundial con su acertada política económica, a la vez moderada y liberal.

La gran mayoría de los brasileños le han perdonado todo: hasta que con una cierta megalomanía llegase a compararse con Jesucristo o que se jactase de no haber leído nunca un libro. Le han perdonado todas sus bravatas, sus metamorfosis diarias, aquellos momentos en que era capaz de defender por la tarde lo que había fustigado por la mañana.

Para conseguir que ganase las elecciones su preferida quebrantó la ley electoral. Se olvidó de que era el presidente de todos para hacerse activista de su partido durante los dos últimos años. Tuvo las manos libres porque la oposición temía su inmensa popularidad, un arma que supo usar formidablemente amenazando cuando era necesario -por ejemplo cuando arreciaban los escándalos de su Gobierno- con sacar a la calle a los movimientos sociales a su favor. Se comió literalmente a la oposición y gobernó como quiso.

Un Brasil sin Lula podrá parecer un Brasil huérfano. ¿Pero se va de verdad? La impresión es que si gana su favorita él tendrá que suplir con su sombra y su astucia política la inexperiencia de la nueva presidenta. La tarea no será fácil. El poder tiene sus imponderables. ¿Podría haber dos presidentes como en Argentina con los Kirchner? ¿Permitirá Dilma que la deje aparecer, como se le ha acusado de hacer hasta ahora, convertida en una marioneta de su jefe? A la sucesora nadie le niega ambición, dureza de carácter, capacidad de mando -los hombres del Gobierno la temían cuando era ministra- y una cierta dosis de habilidad para gestionar el poder. Sus prestaciones son una incógnita. Si su legislatura se desarrolla sin problemas, ¿dejará voluntariamente a Lula volver en 2014 renunciando ella a presentarse a un nuevo mandato?

(...)

Una cosa parece cierta y positiva para la política del país: sin Lula, la oposición vuelve a actuar, compacta y fuerte, desnuda de complejos, dispuesta a dar la batalla para conseguir dentro de cuatro años una alternancia en el poder, impidiendo que en Brasil, con la hegemonía del Partido de los Trabajadores repartiendo su poder entre tres partidos aliados con apellidos de alquiler, pueda acabar creándose un equivalente al PRI mexicano.

(... )

Un Brasil sin Lula podrá ser un país menos popular, pero quizás más democrático, más de todos, con oposición y con una política exterior más abierta, considerada hoy, según muchos analistas, como excesivamente tercermundista y con dificultades para dialogar con Europa y con los Estados Unidos, incluso con el demócrata Obama.

Por JUAN ARIAS

El País / Espanha

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